En el corazón de Motacusito se esconden las impresionantes cuevas, formaciones calcáreas repletas de estalagmitas y estalactitas que se adentran en un mundo subterráneo mágico. Estas cavernas conectan con sistemas hídricos valiosos, aportando agua hacia la Laguna Cáceres y alimentando la cuenca local. Además, su ecosistema único sirve de refugio a especies silvestres como murciélagos y pequeños mamíferos, mientras las paredes rocosa acogen comunidades vegetales especializadas, incluidas bromeliáceas y cactus. Un recorrido por estos pasadizos no solo ofrece una experiencia de descubrimiento y aventura, sino también brinda una conexión íntima con la biodiversidad y los procesos naturales tan especiales de la Chiquitanía.

Un poco más arriba, a apenas 600 metros de las cuevas, se encuentran las lajas o mirador natural, que cobijan afloramientos rocosos majestuosamente esculpidos por el tiempo. Desde allí, los visitantes pueden contemplar la vegetación típica de la zona —motacú, bromelias, cactus y garabatales— mientras escuchan el canto de aves y descubren la fauna que habita estos rincones elevados. Este mirador es ideal para sentir la majestuosidad del paisaje, reconocer la conexión entre tierra y agua, y celebrar, en silencio, la sabiduría escondida en cada piedra del APM Motacusito.


